martes, junio 26, 2018

Soy una desarraigada.

No siento apego por una tierra concreta. Por eso puedo hablar de todas ellas con libertad. No concibo que la tierra les pertenezca a los oriundos. Deseo un mundo libre sin fronteras por el que todos podamos movernos. Cuando hablo de algo que me ocurrió en un lugar, estoy describiendo una experiencia propia, sin importar el lugar. Buena o mala, es mi experiencia. Que el lector quiera hacerla suya, juzgarla bajo su visión o perspectiva, no me atañe. Si hablo de algo desagradable que ha ocurrido en un lugar determinado estoy hablando de mi experiencia, pasando página y aprendiendo de esa experiencia. No juzgo a ninguna persona del lugar donde me ocurrió. Si los que lo leen son de ese lugar y se sienten ofendidos por ello, lamento deciros que el problema es vuestro, que veis el mundo con fronteras, que pensáis que el hecho de que hablen de la tierra de donde os sentís arraigados es una crítica hacia vosotros. No veo el mundo bajo esa perspectiva, no puedo compartir vuestra visión. Si clasificáis a las personas de esa manera, no me lo achaquéis a mí. No me siento atada a esas reglas, ni a ciertas normas o maneras de pensar, ni a tierras. Soy una desarraigada, y siento que el desarraigo me ha hecho libre. Libre de vivir donde quiera, de hablar de lo que quiera, de compartir mis experiencias como quiera, para eso son mías. No pongáis palabras que no he dicho en mi boca. No hagáis mías vuestras visiones del mundo y personas, no lo son.

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