¡Luces, acción! Cuando la claqueta es solo un par de manos dando una palmada, te das cuenta de que los tiempos no son lo que eran. No digo que sean peores; simplemente todo es más informal. Esa informalidad va bastante conmigo: la improvisación y la espontaneidad son claves, y muchas de esas cosas están presentes en Cámbiame, aunque a priori no lo parezca.
Yo, que soy muy mandada, entro en la página de Telecinco y relleno el formulario. ¿Realmente necesito un cambio? Una de las preguntas del formulario te obliga a reflexionar, pues pide que expliques el motivo. Por mi mente pasaron todas esas veces que la gente me ha mirado “extrañada” por mi manera de vestir. Han sido muchas a lo largo de mi vida, tantas que no podría contarlas. A veces no era necesario que me dijeran nada; lo leía en sus caras y en sus gestos. Nunca le di importancia porque vivía en otra dimensión, pero de pronto me planteé: ¿hasta qué punto un cambio de imagen puede ser efectivo? ¿Cómo me afectaría?
Ha pasado un año desde que empecé a prestar atención a mi exterior. La imagen no es lo más importante, ni lo único, pero es una parte esencial del conjunto que soy yo. La mayoría de las veces que me sentí fuera de lugar por mi vestimenta fue en entornos profesionales o eventos. Por eso, decidí que mi cambio debía ir ligado a mi vida laboral. Julio César le dijo a Pompeya: “No basta con que la mujer del César sea honesta, también tiene que parecerlo”. Y a mí no me bastaba con ser profesional: quería también intentar parecerlo.
Con esa intención, me fui a Cámbiame. ¿Creéis que lo habré conseguido?


