sábado, agosto 22, 2009

una de recuerdos

Buscando por todos los rincones mi libro de familia, no he sido capaz de encontrarlo. Aparecerá cuando menos me lo espere. Lo que si he encontrado, ha sido un montón de cosas, tesoros (literalmente, ya que son joyas). Y papeles y papeles que en la actualidad ya no sirven para nada. Asi que he llenado unas cuantas bolsas de basura. También he encontrado otros papeles, que tampoco sirven para nada, excepto para recordar. Esos no los he tirado. Lo primero de todo, una carta escrita por mi en el 2001 y dirigida al abuelo de mi hijo mayor. Carta que nunca llegué a enviar porque finalmente terminé primero llamando por teléfono.




En la susodicha le decía que no podía con Yutan y que pensaba que lo mejor para solucionar el gran problema de que su educación se me iba de las manos, debido a mi trabajo y a tener que atender a mi bebe recién nacido, era enviarlo una temporada a vivir con ellos, ya que ellos disponían de mas tiempo para poder andar tras suyo.

Por supuesto la respuesta no se hizo esperar e incluso ellos mismos me enviaron el billete de avión, deseosos de verle. En mi carta también comentaba mi preocupación porque él me amenazaba con que si le enviaba a vivir a Taiwán, no le volvería a ver nunca más. Me decía que al hacer trasbordo no cogería el siguiente vuelo y se quedaría en Ansterdam. A pesar de mi miedo a que lo llevara a cabo, me hice la dura.
-bien, creo que eso sería genial, así aprenderías a hablar holandés y un idioma más nunca viene mal, además teniéndote que buscarte la vida en un país que no es el tuyo seguramente aprenderás muchísimo. Esas fueron mis palabras para que demostrar que estaba dispuesta a cambiarle aún a costa de que sufriera.
El me tacho de cruel, pero se resignó.
Después de unos meses viviendo en Taiwán los abuelos me dijeron que no entendían de mi preocupación por él, ya que era un chico modelo, estudioso, amable, muy respetuoso con con todo el mundo pero sobre todo con los mayores y un montón de lindezas más y así fue como un adolescente con muy malas notas, que piraba clase para irse a los cibers y del cual estaba perdiendo totalmente el control, se convertía en todo lo contrario, con sobresalientes y sin ningún suspenso.
Pero todo esto que cuento, es para ilustrar además del hallazgo de mi carta no enviada, (algo que suelo hacer con frecuencia), sus digamos redacciones-diarios. El abuelo le hacía escribirlo para practicar sinogramas y es por esto que imagino que habiéndose reformado quedaba mucho mejor decir que la decisión de irse a Taiwán había salido de él mismo.


Realmente si no hubiera encontrado mi carta escrita con anterioridad, creo que me hubiera quedado con esta versión porque suena “que te cagas”. Como curiosidad destaca que en la actualidad petenece al ejército español y le encanta, contrariamente a lo que pensaba en aquel entonces sobre el tema.


Pero lo que realmente ha hecho que me caiga la baba son las cartas que me escribía mientras estaba allí (cartas que nunca me envió, debe ser hereditario), porque en ellas se ve el cambió tan grande (para bien) que supuso su corta estancia en Taiwán. En cuanto vi lo buen chico que era le pedí que regresara a mi lado. Y aunque en un principio me dijo, que me fastidiara que no pensaba volver, al poco tiempo le tenía de nuevo junto a nosotros.


Me pregunto que me deparará cuando el peque llegue a la edad del pavo, espero que sea todo más fácil que entonces. .

nota: aunque tiene algunas faltas, lo cierto es que su letra es mucho mejor que la mia con diferencia.

1 comentario:

fabibarria dijo...

Maria!

Que lindo todo esto! Me encantan tus recuerdos!

Besos.-