sábado, junio 16, 2018

Mi viaje a Chengdú 1

Hoy es 16 de junio. Mi vuelo sale el martes a la una de la madrugada. Los días antes de partir, siento que son días como perdidos, de espera, espera para comenzar de nuevo. Estoy algo cansada de la vida. En ocasiones siento que deseo parar, perderme en el mundo sin rumbo, sin preocupaciones, sin responsabilidades, sin nada mejor que hacer que contemplar. Casi llevo cuatro meses en Chengdú, podría decir que es la vez que he venido a China y he estado más tiempo seguido, (sin contar mis estancias en Taiwán). Hay una diferencia entre este viaje y los otros. Esta vez, he venido a una ciudad desconocida para mí, en la que no tenía absolutamente a nadie. No había nadie para ayudarme con nada, con todo, ni amigos, ni familia. Al princio es desolador, porque tienes que arreglártelas por ti misma sin ayuda de nadie, con la dificultad añadida de ir con mi hijo, tener que cuidar de él. Pensándolo con detenimiento fue mucho peor la llegada a Granada. Si tuviera que elegir, al menos la gente de Chengdú es amigable y agradable. Si no estuviera aquí estaría en Granada, ciudad donde gusta mucho usar el termino “mala follá”, aún no tengo muy claro lo que significa. 
Los primeros días en Chengdú fueron aburridos. Estuve apunto de arrepentirme de haber venido. La ciudad me parecía tan fea, tan contaminada, tan llena de todo, de todo, de todo aquello que yo no necesitaba, y que me sobraba. Cuando elegí este destino lo hice pensando en los osos panda, en poder verlos.  Pensando que seguramente habría mucha naturaleza. No es que no la haya, pero claro eso esta fuera de la ciudad, aunque a veces puedes encontrar oasis dentro de la misma. Nos alojamos en un albergue que había reservado por booking desde España. El mismo hostel tenía un servicio de recogida en el aeropuerto. Por 12 euros nos llevaban desde el aeropuerto al hostel que estaba mas o menos a unos 18 km de distancia. Mi hijo y yo, en una habitación de dos camas con baño privado. Es algo más cara que las que no tienen baño, también que las literas en habitaciones compartidas. Pero tienes intimidad que es algo que yo valoro mucho. Además el baño tenía váter de los de sentarse, que me gustan más que los turcos. Fui hasta la Universidad de Sichuan al día siguiente, donde iría a clases de chino. Me fastidiaba que no me dejaran estudiar japonés aquí. Por culpa de eso tendría que acortar mi estancia y regresar antes para poder examinarme en Granada. Quería que mi hijo fuera también a clases de chino conmigo, pero enseguida me percaté de que no iba a ser tarea fácil. Por un lado, la mujer que dirigía el cotarro en la oficina de la universidad era desagradable y no facilitadora. De hecho fue por ella que no pude hacer japonés en China. Había la asignatura y las clases eran en el mismo campus donde iba a las de chino. Mi hijo prefería quedarse en la cama todo el día, así que tampoco le preocupó mucho que no le dejaran matricularse. No tenía ningún interés por conocer la ciudad y enseguida me dijo que no estaba en China por gusto, así que no pensaba colaborar. Un contratiempo para mí, si iba a las clases tenía que volver rápido para darle de comer y volver otra vez a las clases de la tarde. Todo sería más complicado de lo que pensaba. Había hablado con su padre para llevarlo hasta Guangxi, donde él vivía. El visado de mi hijo era familiar por estancia de dos años. Aunque cada tres meses tendría que salir del país y volver a entrar me pareció mejor que el de un año que no te permitía salir en todo el año. En un principio mi idea era que estuviera los tres meses conmigo en la universidad aprendiendo chino y después llevarle con su padre. Cambié los planes. Yo tenía que buscar piso de alquiler y hacer un montón de trámites, decidí que lo mejor era llevarle cuanto antes. Una vez que estuviera instalada en Chengdú podría decidir que volviera conmigo o se quedará allí con su padre, según viera que iba todo. En mi cabeza la idea de haberme equivocado no hacía mas que repetirse, pero no tenía tiempo para el arrepentimiento Siempre me digo que tengo que mirar hacia delante. Saqué los vuelos para ir a Guangxi, estaba decidida a dejar a mi hijo una temporada con su padre, al fin y al cabo yo llevaba 17 años cuidándolo sola, era hora de que él pusiera algo de su parte. Ingenua, siempre he sido una ingenua y esta vez no sería diferente 
 
 

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